Un buen plan de impulso a la Sociedad de la Información
- debería partir de la realidad existente, haciendo un diagnostico frío de la situación de partida. Reconociendo por supuesto las buenas prácticas ya realizadas, independientemente del color político del partido que las haya puesto en marcha en la Administración que sea. Para ello se cuenta afortunadamente con muchos estudios, informes y observatorios que llevan tiempo trabajando sobre el tema.
- se debería consensuar previamente con los demás, no una vez anunciado el plan. Es la parte más difícil y la que no se suele hacer nunca. Por ejemplo, en un plan a nivel nacional de desarrollo de la Sociedad de la Información es importante que al menos se haya consensuado el mismo con las Comunidades Autónomas, las asociaciones empresariales y las que representan a los ciudadanos como las de consumidores o internautas, las entidades locales a través de la FEMP y por supuesto internamente con los propios funcionarios que tendrán que aplicar las políticas del plan. Si no se hace esto, puede que el Plan no se sienta como algo de todos, y por tanto, hay posibilidades de que todos no estén de acuerdo con lo diseñado.
- debe tener un anexo económico claro, preciso y por la totalidad de la duración del plan. Si es, por ejemplo, a cuatro años, se debe anunciar desde el primer momento cuál es el presupuesto total, que mecanismos existirán para poder cambiar las partidas y como se va a ejecutar el gasto.
- el plan tiene que tener partidas presupuestarias independientes del resto de conceptos, y desde el primer momento se tiene que tener muy claro que es inversión nueva (capítulo 6), cuales partidas se estaban gastando ya, que dinero no es inversión y de donde surge el dinero. Es decir, claridad y transparencia.
- debe de tener indicadores claros de medición de las políticas del plan. Y estos deben ser homologables a nivel internacional. Los indicadores deben ser medidos por especialistas en la materia, por ejemplo el Instituto Nacional de Estadística o similares si es en un Comunidad Autónoma, con una periodicidad prefijada y saber a priori cuando se va a conocer cada cifra. Por ejemplo, dos veces al año en enero y en julio.
- el plan no debe tener miedo al fracaso. Si se ha consensuado, estudiado y medido no pasa nada si el resultado no es el esperado. Se puede y se debe revisar periódicamente. Los planes deben ser creíbles y no lo son si todo lo que se hace es un éxito inmediato, sin reconocer la realidad.
- una vez puesto en marcha el plan, se deben anunciar las diversas partes en una presentación inicial y sólo publicitar los auténticos hitos una vez conseguidos. Las notas de prensa del tipo, el Ministro dice que tal cosa será una realidad la próxima primavera, para al llegar la fecha decir que será una realidad el próximo año, sólo provocan que cuando realmente sea una realidad haya producido fatiga y astío en los ciudadanos y sobre todo incredulidad.
- los planes tienen que ser realistas, coherentes, completos y causa-efecto. No deben de tener objetivos que difícilmente están en las manos del Gobierno de turno. Sólo deberían ser objetivos aquellos temas sobre los que el ejecutivo tiene control suficiente.
- y como última recomendación y muy difícil de cumplir por parte de los gobiernos, decir que los planes tienen que ser generosos y mirar por el bien común, y no partidistas y cortoplazistas. No pasa nada si el plan supera el horizonte temporal de una legislatura y otros se benefician del mismo, el tema es suficientemente importante y prioritario como para que elevemos el tiro.
He seguido muy cerca la creación de varios planes de Sociedad de la Información, y puedo asegurar que sus autores siempre han sido personas bienintencionadas y que sin duda querían conseguir los mejores resultados, pero, siempre desde mi opinión que puede estar equivocada, el no seguir los breves comentarios señalados, que son opinables pero no es más que sentido común, han provocado que más tarde o más temprano no sean planes de todos, independientemente de su ejecución final. El éxito de un plan se mide a la larga por conseguir que sea visto como un plan de todos y no de determinado partido. Y en otros ámbitos si se ha hecho así, como la consecución de los Juegos Olímpicos para Barcelona en el año 1992 o la transición política. La Sociedad de la Infromación y lo que representa es lo suficientemente imporante como para intentarlo.


















