domingo, junio 15, 2008

Irrealidad

Llevo una semana en Madrid y la sensación que me produce la vuelta a España es de que estamos sumidos un clima de irrealidad. No salgo de mi asombro con la polémica por las palabras de la Ministra Aido sobre las miembras. No tiene sentido como ha dicho Guerra que una Ministra nos haga perder el tiempo con algo tan banal (fistro incluido), fruto según ella misma de una equivocación, y que se gasten cientos de páginas en criticarla (seguramente y por darle una margen de confianza, que todo el mundo merece, recordar que han sido los medios de comunicación los más interesados en alargar innecesariamente la polémica). Se supone que los Ministros están para algo más importante y por supuesto la prensa, sobre todo en épocas de crisis o de fuerte desaceleración, que viene a ser lo mismo. Otra noticia irreal es la de las 65 horas de trabajo semanal aprobadas por la Unión Europa. Jamás imaginé una regresión semejante y que en la época de Internet y el teletrabajo se aprobara algo tan decimonónico y contrario al sentir de los tiempos y al respeto hacia los trabajadores.

Pero, no para ahí la cosa, por primera vez, al menos que recuerde, he visto supermercados literalmente vacíos por el desabastecimiento. Las noticias además han sido absolutamente deprimentes con camioneros quemados, piquetes informativos muertos, ciudades colapsadas y un sentimiento de inquietud general. En Nueva York también se siente la crisis, pero las cosas, al menos de momento y esperemos que siga así, no han ido tan lejos.

Otro hecho alarmante es la escalada de precios, con el diesel más caro que la gasolina, y ambos combustibles con precios imposibles, alimentos por las nubes, el Euribor en máximos históricos y el IPC cercano a cotas desconocidas en los últimos diez años.

Por supuesto, este no es un panorama sólo español, pues hay situaciones parecidas en otros muchos países europeos, pero lo preocupante es que el principal partido de la oposición esté viviendo una crisis cainita y el gobierno se centre en lo anecdótico como el nimio debate sobre miembros y miembras.

Lo asombroso es que toda esta irrealidad convive con un sector empresarial español que sigue pujante y que tiene mucho que celebrar como los éxitos de las constructoras españolas en el exterior, la expansión internacional de Telefónica o los quince años de Indra en plena forma.

Las Administraciones Públicas deben velar para que la sociedad sea más justa y para que los ciudadanos sean básicamente felices, y para ello tienen un papel fundamental que hacer: defendiendo a los trabajadores de los posibles abusos, redistribuyendo la riqueza y garantizando a TODOS los ciudadanos, incluyendo por supuesto a los más necesitados, unos servicios básicos. Un estado se mide por como trata los a los más débiles. Debemos aspirar, yo al menos aspiro, a que nuestras Administraciones Públicas den unos servicios de calidad a todos, y sobre todo que sepan gestionar las crisis. Necesitamos que la Administración General del Estado, las Comunidades Autónomas y los Entes Locales trabajen conjuntamente y en la misma dirección. Dejemos el debate sobre del posible sexismo del lenguaje para el futuro y afrontemos ahora lo importante, como los ciudadanos pueden hacer frente al reto de una crisis que ya está aquí.

2 comentarios:

Alorza dijo...

Este es un país bastante surrealista, pero realmente has llegado en pleno paroxismo dadá. Bienvenido.

Rafael Chamorro dijo...

Bueno, me queda una semana por aquí y parece que va mejorando. Ya veremos.

Gracias por la bienvenida.