Esta semana he recibido la sorpresa que mi operadora de telefónia móvil en España me ha cobrado más de 240 € por mi factura del mes pasado. Teniendo en cuenta que en abril estuve en Madrid muy pocos días, desde luego parece una cifra absolutamente sorprendente. Revisando la factura compruebo que la mayoría del recibo (más de 150 € más los impuestos) corresponden a que supuestamente he estado conectado a Internet 46 horas seguidas, desde un viernes a las 11 de la mañana hasta el domingo cuando tomé mi avión y afortunadamente apague el móvil. Lo más curioso es que por supuesto, el número de kilobytes descargado es exigüo, pero según la operadora tengo que pagarles, de hecho ya me los han cobrado, tres euros por hora de conexión.
Imaginando que sería un error lo hago saber a la operadora por el formulario que tienen en su página web. Ellos me responden que la facturación es correcta y que revise mi configuración del móvil. En una palabra un escándalo. Si como es el caso mi teléfono es de lo que es fácil darle sin querer a la tecla donde accedes a los servicios Internet de la compañía y que luego, como es el caso, no se desconecta aunque no exista actividad alguna, estamos ante una práctica tan delictiva y tan fraudulenta como los infaustos 903 o 906 de los noventa, que tuvieron que regularse ante las continúas quejas de los usuarios.
Lo más triste y preocupante son dos cosas: por qué razón en Estados Unidos mi compañía de teléfono móvil (T-mobile) me cobra 5,95 $ por todas las conexiones que quiera y las descargas ilimitadas durante un mes, y en España mi compañía, me cobra 3 Euros por hora o lo que es igual, un desorbitante 2.000 € al mes en el caso de despistarte y dejarte el servicio sin desconectar. Y lo segundo, como es posible que a mí, que soy un buen cliente, que pago religiosamente mis facturas, que tengo un consumo alto, que no soy especialmente luchador por conseguir las mejores tarifas y que llevo más de cinco años siendo fiel a la compañía me tratan así.
No digo el nombre de la compañía porque tengo buenos amigos en puestos directivos en la misma, y porque no creo que la competencia sea muy diferente. Que es lo que han conseguido en esta ocasión: tener un cliente insatisfecho que en el primer viaje a Madrid que realize dejaré de serlo, cambiando de operador; que desconfíe de utilizar los servicios de Internet del móvil en España, que inicié un procedimiento ante la Secretaría de Estado de Telecomunicaciones quejándome del servicio e intentado la devolución del dinero y sobre todo desconfiar profesionalmente de la compañía que ofrece tan mal servicio.
Desde luego así no se construye la Sociedad de la Información en España y si mi caso no es aislado, cosa que desconozco, seguramente la compañía lo pagará y no tendrá más remedio que cambiar y adaptarse a los clientes más tarde o más temprano.