Estos días ha sido noticia la dimisión de Rosa Regás y como se ha producido la misma. Conozco bien la Biblioteca Nacional, tanto como usuario como trabajador de la misma durante cuatro años. Si bien es cierto, que me fui de allí hace ya diez años. De Rosa Regás, cuando estuve en Ginebra, me leí su libro sobre la ciudad y me gusto mucho. No la he visto nunca, ni conozco de primera mano su gestión. Si tengo amigos que han sido cesados por la misma y desde luego no tienen una opinión muy positiva, pero es comprensible.
Creo que su dimisión/cese pone de relieve los peligros de la politización de los puestos de Director General. Porque lo que se pretende es que la Biblioteca Nacional funcione, y para eso no hace falta un escritor o un personaje mediático, sólamente un gestor. El problema es que la Biblioteca Nacional es una excelente plataforma pública y sus Directores suelen ser conocidos, y por tanto suelen decantarse políticamente. Durante mi estancia en la misma conocí tres Directores Generales, una funcionaria, un poeta y un tercer poeta que luego fue Secretario de Estado. No sabría decantarme por quien tuvo la mejor gestión, pero lo que si sé, es que la Biblioteca tenía muchos problemas, muchas carencias, falta de presupuesto, falta de personal, sueldos bajos, un ambiente muy malo y en general todo era bastante deprimente. Me fue de allí y nunca he echado de menos la Biblioteca. Lo recuerdo como el peor trabajo que nunca he tenido. No me pareció el sitio idílico que pensaba que era y me preocupó seriamente el estado de la misma. En la Biblioteca además ví a excelentes profesionales y a otros muy mediocres, que amparados en ser del Cuerpo dominante, ocupaban puestos claves en la Institución. Creo sinceramente que lo que le hace falta a la Biblioteca es un Director no mediático, alguién serio y discreto, que conozca la gestión pública, que sepa lidiar con el MAP y con Economía y Hacienda para conseguir un presupuesto suficiente y el personal necesario. Y para ello un funcionario es mucho mejor, porque conoce a los compañeros, sabe como conseguir las cosas y como moverse en la Administración. Otro personaje mediático no conseguirá lo que todos necesitamos, que la cabeza de nuestro sistema Bibliotecario sea realmente un lugar donde se preserva nuestra cultura y donde se puede investigar. Abierta a todos, pero con criterio, dando a cada público lo que necisita y sin demagogia o partidismo. No quiero decir con esto que la gestión de Rosa Regas haya sido mala, que realmente no lo sé, pero sí que ha estado sujeta a la crítica partidista y eso lejos de ayudar, estropea la institución. Y quizás haga falta que el Ministro de Cultura sea del partido en el poder, pero desde luego, si la Biblioteca Nacional sigue como era hace diez años, y me temo que sí, lo que hace falta es un gestor, nunca un político o un escritor tan señalado hace uno u otro lado.